La magia de la inclusión cultural. Érase una vez un pequeño pueblo llamado Todos Unidos donde la diversidad era la norma y la inclusión cultural se había convertido en un hábito cotidiano. Todos los niños y niñas del pueblo crecían jugando juntos, aprendiendo unos de otros sobre sus diferentes costumbres, tradiciones y forma de vida.
En ese hermoso lugar vivía un pequeño niño llamado Juanito, él era un niño muy inteligente y cariñoso, pero a veces se sentía un poco diferente a los demás, ya que su piel era de un color más oscuro que el resto de sus amigos. A pesar de que sus padres siempre lo habían educado en una familia abierta a la diversidad y el respeto por todas las culturas, no podía evitar sentirse excluido en ocasiones.
Un día, mientras estaba sentado en el parque, Juanito conoció a Sofía, una niña de otro país que estaba de visita en el pueblo. Aunque hablaba en otro idioma, Juanito pudo comunicarse con ella gracias a la ayuda de algunos de sus amigos bilingües del colegio. Sofía le contó a Juanito sobre su país natal, sus costumbres y los hermosos bailes que hacían en sus fiestas.
Juanito quedó fascinado con toda la información que Sofía le daba, y se sintió comprendido y aceptado por ella, así como ella también se sintió comprendida y aceptada por él. Desde ese día, Juanito se sintió más seguro de sí mismo y se despidió de sus sentimientos de exclusión.
Pero no todo el mundo en el pueblo era tan inclusivo como los amigos de Juanito, pues había un grupo de niños que miraba con recelo a aquellos que se veían diferentes a ellos. A menudo, este grupo hacía comentarios hirientes a los estudiantes de colores diferentes, y con frecuencia trataban de excluirlos de sus juegos y su círculo social.
Un día, los maestros del colegio reunieron a los niños para presentarles el concurso de la Fiesta Cultural, una competencia donde los niños y niñas podían presentar a sus compañeros de clase sus tradiciones, la danza y la comida típicas de su país.
Los niños que siempre habían sido excluidos del grupo y marginados, como Sofía y Juanito, se emocionaron al saber que tendrían la oportunidad de compartir con sus compañeros lo mejor de sus culturas.
Los niños trabajaron duro en sus presentaciones durante varias semanas, buscando la forma de hacer algo sorprendente y significativo con sus amigos. Sofía y Juanito estaban especialmente emocionados, ya que podían mostrar a sus amigos de Todos Unidos un poco más sobre sus países de origen.
Cuando llegó el día de la competencia, los niños del colegio estaban nerviosos y emocionados, y los padres alistaban sus cámaras para poder capturar la mágica fiesta.
La presentación de Juanito fue la primera en la lista, y el chico hizo que sus compañeros de clase se llenaran de energía con su música y sus impresionantes ritmos latinos. Sofía seguía en el programa, y los niños aplaudieron mientras ella realizaba sus fascinantes bailes africanos, que contaban historias sobre los animales y el colores de su tierra natal.
Los demás participantes no se quedaron atrás, y cada uno presentó con orgullo sus tradiciones y sus comidas típicas de sus países.
Cuando terminó la competición, los jueces anunciaron a una ganadora: ¡Todos Unidos! Al no poder decidirse por un solo grupo, los jueces declararon a todos los niños del colegio como ganadores, aplaudiendo la diversidad y la inclusión que se habían visto reflejadas en aquella festividad.
La competición había convertido a Todos Unidos en un pueblo más cercano, más unido y más consciente de las diferencias culturales de todos los que vivían allí. Los niños descubrieron que, a pesar de que la gente puede diferir en su apariencia y en sus costumbres, todos tienen algo valioso que aportar.
Juanito y Sofía estaban más felices que nunca, y ambos entendieron que la magia de la inclusión cultural tiene el poder de unir a cualquier grupo de personas, sin importar las diferencias culturales o sociales que existan.
Y así, Todos Unidos se convirtió en el pueblo más inclusivo del mundo, un lugar lleno de amor, respeto y aceptación por todas las culturas y por todas las personas que viven allí. Los niños aprendieron de la belleza de la diversidad y la importancia de valorar a todas las personas por igual, independientemente de su género, su raza, su origen o su cultura.


