La leyenda de la ciudad sin fronteras

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La leyenda de la ciudad sin fronteras
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La leyenda de la ciudad sin fronteras. Érase una vez, en un lugar muy lejano, una ciudad sin fronteras. Todos los habitantes de esta ciudad eran diferentes: había personas con diferentes colores de piel, diferentes idiomas y diferentes creencias, pero siempre se trataban con igualdad y respeto.

En la ciudad sin fronteras, todos trabajaban juntos para mantener la paz y la armonía. Los niños asistían a la escuela juntos, los adultos trabajaban en equipo para mantener la ciudad limpia y segura, y los ancianos eran respetados por su sabiduría y experiencia.

Un día, llegó una extraña criatura a la ciudad sin fronteras, era un dragón que soplaba fuego y rugía ferozmente. Los habitantes se asustaron y dejaron de trabajar juntos como lo habían hecho siempre. Muchos culparon a los demás habitantes de no estar lo suficientemente preparados para enfrentar al dragón, y otros dudaban de las habilidades de sus vecinos.

La ciudad sin fronteras se sumió en la tristeza y la confusión. Pero poco después, una niña muy valiente llamada Aria decidió emprender una misión para detener al dragón. Ella se dio cuenta de que no importaba quién era ella o de dónde venía, sino que lo importante era trabajar juntos para superar los obstáculos.

Aria reunió a un grupo de amigos –un niño de piel oscura llamado Amir, una niña de cabello rizado llamada Tanya, un niño con discapacidad física llamado Alex, y muchos otros– para ayudarla en su misión. Todos los amigos eran muy diferentes, pero trabajaron juntos sin importar las diferencias. Cada uno dio lo mejor de sí mismo y utilizó sus habilidades únicas para contribuir a la tarea.

Juntos, el grupo de amigos preparó un plan para detener al dragón. Aria sugirió que construyeran una gran red que pudiera atrapar al dragón cuando volara por encima. Amir propuso que construyeran un escudo para protegerse del fuego del dragón, y Tanya sugirió que usaran plantas aromáticas para calmar al dragón en caso de que se pusiera demasiado agresivo.

Después de trabajar juntos durante varios días, finalmente estuvieron listos para enfrentar al dragón. Cuando el dragón apareció, todos los habitantes de la ciudad sin fronteras se unieron a la lucha. Los niños levantaron la red mientras los adultos usaban el escudo para protegerse del fuego del dragón.

El dragón estaba furioso y estaba a punto de atacar cuando una anciana se acercó a él y comenzó a hablarle en un idioma que nadie había escuchado antes. Sorprendentemente, el dragón la entendió y se calmó. La anciana explicó que ella era una curandera y que había vivido en la ciudad sin fronteras durante muchos años. Dijo que no importaba de dónde venía una persona, sino la sabiduría que había adquirido a lo largo de su vida.

El dragón decidió quedarse y convertirse en el guardián de la ciudad sin fronteras. Desde entonces, la ciudad sin fronteras se convirtió en un lugar aún mejor para vivir. La gente trabajaba juntos con aún más amor y respeto, y celebraban las diferencias que hacían que cada persona en la ciudad fuera única.

La leyenda de la ciudad sin fronteras se contó durante generaciones en la ciudad, y se les recordó a los niños la importancia de trabajar juntos sin importar las diferencias. La ciudad sin fronteras se convirtió en un lugar donde todas las personas eran valoradas igualmente, sin importar su género, raza, origen social o creencias.

La historia también recordó a los habitantes que cada uno tiene habilidades únicas que pueden contribuir de diferentes maneras. Y que el verdadero valor de una persona se encuentra dentro de ellos mismos, no en su origen o en su apariencia.

Y así, gracias a la valentía de una niña llamada Aria y el trabajo en equipo de todos los habitantes, la ciudad sin fronteras se convirtió en un lugar de igualdad y respeto hacia la diversidad.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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