El Perrito Entrenador

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El Perrito Entrenador
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El Perrito Entrenador. Érase una vez en una pequeña aldea, un perro llamado Entrenador. Era un perro muy especial, ya que, a diferencia de otros perros, él no corría detrás de las mariposas, ni se distraía con los pájaros que volaban en el cielo. En su lugar, Entrenador se enfocaba cada día en su pasión: entrenar perros.

Este perro era tan bueno y sabio en lo que hacía que todos los dueños de perros de la aldea fueron a él para que los ayudara a entrenar a sus animales. Aun así, Entrenador siempre estaba en busca de nuevos desafíos, así que decidió que quería enseñarle un truco muy especial a un pequeño perrito llamado Chispa.

Chispa era un perrito muy cariñoso y juguetón, pero no había aprendido a ser obediente en su corta vida. A menudo escapaba de la casa de su dueño para explorar todo lo que encontrara en su camino. A su dueño, Lupito, le preocupaba mucho que Chispa se perdiera y, por eso, decidió pedir ayuda al Entrenador.

El Entrenador aceptó el reto, que era enseñarle a Chispa el truco más difícil de todos: volver a casa. Para Entranador, este truco era muy importante, ya que era la única manera en que un dueño podría estar seguro de que su perrito siempre tendría un hogar.

Un día, después de muchos entrenamientos y prácticas, el Entrenador llevó a Chispa a un bosque cercano para poner a prueba sus habilidades. Cuando llegaron al bosque, el Entrenador mostró a Chispa varias hojas de diferentes colores. Le señaló una hoja especial y le dijo: “Esta es la hoja que te llevará de regreso a casa. Debes buscarla y cuando la encuentres, la sostendrás en tu hocico y la llevarás a Lupito”.

Chispa parecía confundido, pero el Entrenador le explicó que, al principio, buscaría la hoja con él. Pero después de unos días, él lo guiaría y lo ayudaría un poco menos. Entonces, finalmente, Chispa tendría que encontrar la hoja por sí solo.

Los días pasaron y los entrenamientos de Chispa mejoraron notablemente. Entrenador estaba muy orgulloso de su pequeño y animado estudiante. Finalmente, llegó el día en que Chispa estaba listo para encontrar la hoja él solo.

El Entrenador llevó a Chispa al bosque y le dijo: “Recuerde que la hoja está por aquí, así que debemos buscar juntos. Será difícil, pero debes confiar en tu instinto y seguir buscando hasta que la encuentres”.

Chispa buscó y buscó, pero simplemente no podía encontrar la hoja adecuada. Se sintió un poco triste porque había entrenado con tanto esfuerzo y todavía no podía encontrar la hoja. Pero Entrenador no se rindió con él. Le dijo que siguiera buscando y, finalmente, Chispa la encontró.

Tenía la hoja en su hocico y ladró para demostrar su éxito. Entrenador aplaudió y lo felicitó por su logro. Luego, le dijo que lo llevaría de regreso a Lupito por última vez.

Chispa estaba emocionado de volver a ver a su dueño, pero cuando llegaron a la casa de Lupito, Entrenador no entregó la hoja a Chispa. En su lugar, Entrenador se giró para Lupito y le entregó la hoja en su mano. “Esto es para ti. Ahora que Chispa ha encontrado su camino de regreso a casa, debes mantenerlo seguro y no permitir que se pierda otra vez”. Con esas palabras, Entrenador se marchó.

Desde aquel día, Chispa nunca volvió a perderse. Lupito lo cuidó como si fuera su propio hijo, y a partir de entonces, Chispa siempre encontraba el camino de regreso a casa.

Desde ese día, Entrenador siguió su pasión de ayudar a otros dueños de perros en la aldea. Y aunque ya estaba satisfecho con lo que había hecho con su vida, siempre estaba en busca de nuevos retos para superar. Después de todo, ¡él era el perro más feliz y sabio de la aldea!

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
El Perrito Entrenador
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