El cuento de la jirafa y la liebre

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El cuento de la jirafa y la liebre
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El cuento de la jirafa y la liebre. Érase una vez en la sabana africana, una jirafa y una liebre que eran vecinos. La jirafa era muy alta, tenía unas manchas marrones y un largo cuello que le permitía llegar a las hojas más altas de los árboles para alimentarse. La liebre, por otro lado, era muy rápida y tenía unas orejas largas y puntiagudas que le permitían escuchar cualquier sonido a distancia. A pesar de ser muy diferentes, eran muy buenos amigos.

Un día, mientras la jirafa se alimentaba en lo alto de un árbol, la liebre llegó corriendo y le preguntó si podía ayudarla en algo. La jirafa le agradeció la oferta, pero le dijo que no necesitaba ayuda ya que ella podía hacerlo sola con su largo cuello. La liebre se sintió un poco triste por haber sido rechazada por su amiga, pero decidió seguir adelante sin darle mucha importancia.

Unos días más tarde, la liebre se encontró en problemas al acercarse demasiado al territorio de las hienas. Fue herida y tuvo que pasar varios días en su madriguera para recuperarse. La jirafa se preocupó mucho al ver que su amiga no salía de su madriguera y decidió ir a visitarla. Al llegar, le preguntó qué le había pasado y la liebre le explicó todo lo sucedido.

La jirafa se sintió muy triste por no haber ayudado a su amiga cuando ella le ofreció ayuda y le prometió que nunca más volvería a rechazarla de esa manera. La liebre perdonó a su amiga y juntas comenzaron a planear cómo evitar futuros accidentes en la sabana.

A partir de ese día, la jirafa y la liebre se convirtieron en inseparables y siempre trabajaban juntas para evitar peligros en la sabana. La jirafa utilizaba su largo cuello para alertar a la liebre sobre peligros próximos y la liebre utilizaba sus orejas para escuchar cualquier sonido extraño que pudiera significar peligro.

Un día, mientras caminaban por la sabana, la jirafa y la liebre encontraron una pequeña cebra que estaba atrapada en un charco de barro. La cebra estaba llorando y pidiendo ayuda, y la jirafa y la liebre sabían que tenían que hacer algo para salvarla. La jirafa trató de estirar su largo cuello para llegar hasta la cebra, pero no pudo hacerlo. La liebre, por otro lado, trató de saltar para llegar hasta la cebra, pero tampoco pudo hacerlo.

Juntas, la jirafa y la liebre comenzaron a buscar una solución para salvar a la pequeña cebra. Se dieron cuenta de que necesitaban la ayuda de otros animales de la sabana. La jirafa utilizó su largo cuello para alertar a un grupo de elefantes que pasaban cerca y la liebre utilizó sus orejas para escuchar a una manada de leones que buscaban comida.

Los elefantes acudieron rápidamente y con sus fuertes trompas levantaron a la cebra del charco de barro. Los leones se acercaron, pero al ver la valentía y solidaridad de la jirafa y la liebre decidieron no atacarlos y regresaron a buscar su comida a otro lugar.

La cebra estaba muy agradecida por la ayuda de la jirafa y la liebre y les prometió que siempre estaría agradecida por lo que habían hecho por ella. La jirafa y la liebre se sintieron muy felices y orgullosas de haber ayudado a un animal necesitado, sabiendo que habían hecho lo correcto.

Desde ese día, la jirafa y la liebre aprendieron una lección muy importante sobre la empatía y la amistad, y se prometieron nunca volver a despreciar la ayuda de sus amigos. A partir de entonces, siempre se apoyaron mutuamente en todo lo que necesitaban y nunca dejaron de ser mejores amigas.

Así es como terminó el cuento de la jirafa y la liebre, contando la historia de dos grandes amigas que aprendieron la importancia de la empatía y el apoyo en momentos difíciles. Y aunque eran muy diferentes, se querían y respetaban mutuamente, siempre trabajando juntas para hacer el bien en la sabana africana.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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