La aventura de la igualdad social. Érase una vez, en un pequeño pueblo rodeado de colinas y bosques, donde vivían personas de todas las razas y culturas. En este pueblo, la gente se trataba bien y se respetaban mutuamente, pero aún así, surgían problemas de vez en cuando. Un día, un grupo de niños decidieron explorar el bosque que rodeaba el pueblo en busca de aventura.
Los niños eran muy diversos. Algunos eran altos y delgados, mientras que otros eran bajos y rechonchos. Había niños de piel oscura, clara y todo lo que había en el medio. Uno de los niños era sordo, otro tenía problemas para caminar y otros hablaban un idioma diferente. Pero a pesar de sus diferencias, se llevaban bien y se consideraban amigos cercanos.
Los niños caminaron durante horas en el bosque densamente poblado, deteniéndose de vez en cuando para examinar la flora y la fauna local. De repente, se encontraron en un claro extraño y vieron algo que les sorprendió. Unos vecinos de un pueblo vecino se habían reunido allí, su ropa estaba rasgada y sus rostros estaban marcados por la angustia.
Los vecinos contaron a los niños una historia lamentable. Su pueblo había sido destruido por una gran tormenta, lo que los había dejado sin hogar y sin ninguna pertenencia. Desde entonces, habían estado buscando refugio y alguna ayuda para sobrevivir. Pero incluso en su miseria, habían sido rechazados en los pueblos cercanos porque eran diferentes a los demás habitantes del lugar.
Los niños se compadecieron inmediatamente de los vecinos y decidieron ayudarlos a encontrar un hogar y las cosas básicas que necesitaban para sobrevivir. En la aldea más cercana, a la que llegaron después de un rato, les pidieron ayuda al alcalde para acomodar al grupo. Pero el alcalde se negó rotundamente, argumentando que no tenían suficiente dinero ni espacio para satisfacer las necesidades de los vecinos. Los niños se sintieron frustrados y enojados por la respuesta del alcalde.
Fue en ese momento que los niños decidieron tomar medidas por su cuenta. Pensaron que, como eran tantos, podrían reunir suministros y alimentos de la aldea y llevarlos al bosque para los vecinos desplazados. Pero cuando se metieron en el mismo negocio, tropezaron con un grupo de matones que buscaba causarles problemas.
Estos chicos caóticos los desafiaron a una carrera y prometieron que si perdían, los matones se llevarían todos los suministros para sí mismos. En lugar de negarse a la carrera, los niños aceptaron el desafío con confianza, decididos a ganar de todas maneras posibles. Corrieron velozmente, utilizando cada truco que aprendieron para superar a los matones, sin importar cuán astutos fueran.
Finalmente, los niños pudieron superar a los matones y llevar todos los suministros a los vecinos desplazados. Los vecinos estaban encantados y agradecieron a los niños por su amabilidad. Ahora tenían un hogar seguro para vivir, y todo gracias al esfuerzo y la determinación de un grupo de niños decididos a hacer lo correcto.
A partir de ese día, los niños y los vecinos se unieron con fuerza y continuaron enfrentando problemas juntos. Superando muchos obstáculos y aventuras juntos, trataron de construir un mundo sin prejuicios de raza, género, cultural o social. Como resultado, la aldea se convirtió en un lugar donde todas las personas, independientemente de quiénes fueran, eran bienvenidas y valoradas por sus habilidades, no por sus diferencias.
Este cuento es para recordar a todos que debemos trabajar juntos para superar las barreras de la diferencia de raza, género, social y cultural. La diversidad es una de nuestras mayores fortalezas y, si la aceptamos, juntos podemos crear un mundo mejor para todos. ¡La aventura de igualdad social es una misión que todos debemos llevar adelante!


