El valor de la igualdad económica

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El valor de la igualdad económica
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El valor de la igualdad económica. Érase una vez en un pequeño pueblo rodeado de montañas y ríos, donde vivían personas de diferentes edades, géneros, razas y culturas. A pesar de tener diferentes habilidades y talentos, todas las personas eran iguales en el pueblo y se ayudaban mutuamente.

Había tres amigos muy especiales: Ana, una niña morena con una sonrisa contagiosa, Mario, un niño con una gran imaginación y Isabella, una niña de piel clara que siempre estaba dispuesta a aprender cosas nuevas. Los tres eran muy buenos amigos y les gustaba jugar juntos y explorar su pequeño mundo.

Un día, mientras caminaban por el pueblo, encontraron una tienda donde se vendían juguetes increíbles y dulces deliciosos. Ellos decidieron entrar para ver si podían encontrar algo que les gustara. Pero, al mirar los precios, se dieron cuenta de que algunos juguetes y dulces costaban más que otros.

– ¿Por qué algunos cuestan más que otros? – preguntó Ana un poco confundida.

– No lo sé – respondió Mario encogiéndose de hombros – tal vez los que cuestan más son los más bonitos o valiosos.

– Pero eso no es justo – dijo Isabella – todos deberían tener la misma oportunidad de comprar los juguetes y dulces que les gusten.

Los tres amigos salieron de la tienda con un poco de tristeza en sus corazones, porque sabían que no todos podían permitirse comprar lo que querían.

Unos días después, mientras jugaban en el río, encontraron una roca grande y plana que parecía perfecta para saltar sobre ella. Pero se dieron cuenta de que algunas personas no podían saltar tan alto como otros, ya que no tenían la misma fuerza en las piernas.

– Es injusto que algunos puedan saltar más alto que otros – dijo Ana mientras saltaba y rebotaba en la roca.

– Sí, no todos tienen las mismas habilidades físicas – dijo Mario – pero eso no significa que no sean buenos en otras cosas.

– ¡Tienes razón! – dijo Isabella – todos deberíamos valorar las habilidades de cada persona, incluso si no funcionan de la misma manera.

Los tres amigos se dieron cuenta de que la igualdad no solo se trataba de tener el mismo color de piel o género, sino de valorar las habilidades y talentos de cada persona, sin importar cuáles sean.

Poco después, los amigos tuvieron una gran idea para ayudar a los residentes del pueblo a sentirse iguales en todo: abrir una tienda donde todos pudieran vender y comprar cosas por igual. La tienda se llamaba «Para todos» y estaba dirigida por los tres amigos para promover la igualdad entre las personas.

La tienda tenía todo lo que las personas necesitaban: comida, ropa, juguetes, libros, entre otros. Lo mejor de todo es que todo estaba al mismo precio y todas las personas podían vender sus productos para ganar dinero. Los tres amigos se dieron cuenta de que si todos trabajan juntos y valoran los talentos y habilidades de las demás, el pueblo podía ser un lugar aún mejor.

La tienda fue todo un éxito y pronto se convirtió en el lugar favorito de los residentes del pueblo. Ana, Mario e Isabella se hicieron amigos de todas las personas y aprendieron mucho sobre sus vidas y culturas. Descubrieron que todos eran especiales y que tenían algo que ofrecer al mundo.

Después de varios años, Ana, Mario e Isabella se dieron cuenta de que habían logrado lo que se habían propuesto hacer: promover la igualdad en su pequeño mundo. Se habían dado cuenta de que nada era imposible si trabajaban juntos y si valoraban cada una de las habilidades de los demás.

Con el tiempo, los tres amigos se convirtieron en adultos y abrieron muchas tiendas más alrededor del mundo, promoviendo la igualdad en todo lugar donde iban. Y aunque el mundo era grande y diverso, ellos sabían que todos eran iguales en los ojos de los demás.

Así que si alguna vez visitas un pueblo rodeado de montañas y ríos, y ves una pequeña tienda llamada «Para todos», no dudes en entrar y disfrutar de la igualdad que allí se promueve.

Porque, tal como Ana, Mario e Isabella descubrieron, la igualdad es lo que hace que el mundo sea un lugar mejor y más justo. ¡Valora la diversidad y promueve la igualdad, porque todos somos iguales en esencia!

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
El valor de la igualdad económica
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