El camino hacia la inclusión social. Érase una vez en un pequeño pueblo lleno de diversidad, donde diferentes culturas, razas y géneros convivían en armonía. Había una pequeña niña llamada Ana, quien había nacido con una discapacidad que limitaba sus movimientos. Ana solía sentirse sola ya que no podía jugar con los demás niños como le hubiera gustado, pero siempre está acompañada de su mejor amigo Lucas, un niño afrodescendiente que también enfrentaba obstáculos en su vida debido a su raza.
Cierto día, Ana y Lucas decidieron explorar los alrededores del pueblo, aun vestidos con sus uniformes escolares. Al caminar, se dieron cuenta de que uno de sus compañeros de clase llamado Pablo, estaba llorando en un rincón. Al acercarse, descubrieron que los demás niños le estaban haciendo bullying por su condición social, pues Pablo venía de una familia muy humilde. Ana y Lucas se pusieron en su lugar y decidieron ayudarlo, demostrando que todos merecían el mismo respeto sin importar su situación económica.
Después, la pequeña banda de amigos decidió seguir el camino a través del bosque, donde se encontraron con un grupo de animales que también batallaban con su propia discriminación. Había un zorro que no sabía leer y sus otros compañeros, los conejos, se burlaban de él porque creían que no era inteligente. Ana y Lucas se encargaron de explicarles que cada uno aprende a su propio ritmo y que la educación no define su inteligencia, ayudando al zorro a aprender y con eso, a demostrar el valor de la inclusión.
En su camino se encontraron también con árboles y flores, algunos más altos o más pequeños, diferentes a sus congéneres, y ellos siempre respetaron su diversidad y belleza. Y aquí hay que recordar que todos somos diferentes, pero todos somos importantes y tienen algo valioso que aportar.
Continuando, llegaron a un lago donde había un grupo de patos y cisnes, pero estos animales sólo se juntaban con su propia especie, impedidos por las diferencias, y no se permitían conocer a los demás, en una antigua práctica de apartheid. Al principio se sintieron un poco intimados, pero Lucas y los demás amigos decidieron intentar acercárseles, aunque era cuestión de respetar sus propias costumbres y singularidades.
Al final, los patos y cisnes se dieron cuenta de que no estaba mal tener amigos con características diferentes, por el contrario, era divertido ver y aprender sobre algo nuevo, y reflexionaron sobre cómo la discriminación había sido su barrera para explorar el mundo de otras especies.
Ana, Lucas y sus amigos continuaron su camino de inclusión, buscando a nuevos amigos para sumar a su equipo, hasta el punto de encontrar un nido en lo alto de un árbol de una pareja de golondrinas, donde un polluelo era rechazado por ser distinto a sus demás hermanos.
La pandilla decidió ofrecer su ayuda y, después de muchas bromas y juegos divertidos, descubrieron que el polluelo solia distinto porque en vez de ser incompleto, era una especie rara de golondrina. Este hecho los llevó a reflexionar sobre cómo todos tienen algo especial y valioso que ofrecer y que es necesario conocer y valorar. Entonces, con la ayuda de Ana, todos los animales se unieron para construir una pequeña rampa para que el polluelo pudiera explorar y moverse por sí solo, aprendiendo que todos tienen el derecho de ser libres y autónomos, sin importar sus limitaciones físicas.
La pandilla regresó al pueblo, sintiéndose felices y orgullosos de sí mismos por haber aprendido tantas cosas sobre la inclusión y la diversidad. Descubrieron que ayudar a otros y respetar a todos por igual era la mejor forma de hacer amigos y que la empatía es la base de la inclusión.
La pequeña Ana entendió que no importa sus diferencias y limitaciones, siempre hay un lugar para ella en el mundo y que su amistad con Lucas y los demás abrió las posibilidades para ser aceptada y amada.
Al final, Ana se dio cuenta de que su discapacidad no era una limitación sino un regalo, acercándola aún más a las personas y enseñándoles la importancia y el valor de la inclusión social, aceptación y empatía.
Todos aprendieron que, como animales y como seres humanos, somos distintos pero iguales en nuestros derechos y en nuestra dignidad, y que, trabajando juntos por nuestros sueños, podemos construir un mundo más justo y solidario, lleno de amistad y libertad.


